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El
desfile de los Caballos del Vino comienza a las 8 de la mañana y parte de la
Plaza Nueva y Plaza del Arco, donde previamente se han concentrado las peñas y
los bandos Moro y Cristiano que preceden a los múltiples caballos que toman
parte en el mismo.
La Plaza se convierte en cuadra festera de honor, y el arco del Ayuntamiento en
puerta grande de la Fiesta. Desde aquí, el desfile transcurre por la Gran Vía
hasta la Glorieta y el Templete, siguiendo a cada caballo una Peña (grupo de
amigos que trabajan durante todo el año para conseguir hacer el manto que luego
lucirá el caballo) que se va nutriendo de espontáneos hasta convertirse el
espectador en participante ordinario, que funde su fuerza física con el ritmo
musical en una danza que se prolonga hasta el Bañadero, donde tiene lugar la
Misa de Aparición (momento en que se rememora la Aparición Milagrosa de la
Cruz).
Los aledaños del Templete cobijan, bajo el sol mañanero, palio habitual del Dos
de Mayo Caravaqueño, la multicolor estampa, hasta que el espectáculo de luz y
color se pone de nuevo en movimiento, en forma de río humano de entusiasmo, por
las calles que conducen al Castillo Santuario de la Vera Cruz. Es la Procesión
de la Alegría, en la que los Grupos cristianos y Kábilas moras compiten en un
derroche de música festera, e himnos locales, con el cascabeleo peculiar de los
caballos, que levantan polvaredas de fervor, y con la majestad de las
autoridades que portan la gran bandeja de flores que las manos de las Monjas
Clarisas han preparado para la Cruz.
Poco después, mientras al pie de la cuesta, en la falda de la muralla, se
prepara la prueba de fuego caballista, tiene lugar en el interior del Santuario,
el barroco y litúrgico ceremonial del Baño del Vino y Bendición de las Flores. Y
es entonces cuando el espectáculo se consuma en la Cuesta; cuando la fuerza de
la bestia y el hombre se funden para lograr el triunfo, y cuando sólo un premio,
"el primero", cuenta ante todo y sobre todo. "El primero" en la carrera y "el
primero" en el vestir (enjaezamiento). Nunca el premio compensa el esfuerzo, por
eso, año tras año, se compite de nuevo y con mayor ansiedad.
La muchedumbre se convierte en juez y en parte en la Lonja del Castillo, ante la
fachada barroca del Santuario. De nuevo nadie se siente observador por mucho que
lo intente. Un jurado, cuyo dictamen siempre vence pero nunca convence, reparte
alegrías y frustraciones.
El rito del enjaezamiento tiene lugar en la cuadra particular de cada peña muy
de mañana. Solo los más allegados tiene acceso. El caballo se prepara con mimo y
se viste con primor con los atalajes (expuestos durante la tarde-noche del día
1º de mayo en lugares diferentes y céntricos de la localidad), bordados paciente
y artísticamente con temas alusivos a la fiesta, a la ciudad y a sus gentes.
Sobre las siete y media de la mañana los caballos ya están por las calles y
plazas de Caravaca.
El itinerario festero discurre en diversas plazas y calles, donde encuentras un
caballo cuyos mozos jalean arrancando aplausos y vítores mañaneros. En la Plaza
Nueva se sirve café de puchero y anís de garrafón.
A las 8 se concentran los grupos cristianos, kábilas moras y Caballos del Vino
en las plaza Nueva y del Arco, partiendo el desfile desde el Ayuntamiento donde
las Autoridades y Cofradía de la Vera Cruz presencian la salida en el balcón
central del edificio. La Gran Vía es aconsejable para quienes optan por la
contemplación del espectáculo cómodamente. Tribunas gratuitas para los que aún
no se han integrado, pero muy pronto se integrarán.
El Templete constituye el punto de reunión al filo de las diez. La celebración
eucarística constituye un emocionante y recogido espectáculo sacro. Al "Gloria"
y a los acordes de la "Marcha Real", mientras campanas y trabucos atruenan el
ambiente, baja la Cruz, de manos de los ángeles, al altar, mediante un simple
mecanismo de cordelería.
Al terminar se organiza el más bello desfile de luz, color y pasión camino del
Santuario. Aconsejamos para su contemplación, todas las calles del recorrido,
desde la Glorieta, por Rafael Tejeo y Mayor hasta el Castillo.
Es digno y aconsejable de ver la entrega de la Bandeja de Flores que la Priora
del Monasterio de San José (de monjas carmelitas descalzas), hace al Hermano
Mayor de la Cofradía de la Stma. Cruz, en el Convento de la Calle Mayor, al paso
del cortejo por aquel lugar. La Bandeja la porta el Hermano Mayor hasta la
Cuesta del Castillo. En este lugar es reemplazado por el Alcalde, quien la
ofrendará a la Patrona de la ciudad a su llegada al Castillo en nombre de todos
los caravaqueños. Las gentes engrosan las peñas a lo largo del itinerario en un
movimiento empático de ilusión y amistad. Así se llega al Castillo junto al
amigo o al desconocido hasta entonces, que te brinda el brazo y su corazón. Los
amantes de un nuevo espectáculo sacro deben llegar hasta la Iglesia. Allí tiene
lugar un singular y emotivo acto religioso: La Ofrenda de las Flores por parte
del pueblo a la Cruz. Después la Reliquia se sumerge en una jarra de vino que se
repartirá a lo largo de todo el año en Caravaca, y se bendicen las flores que en
breve se disputarán los asistentes.
Quienes prefieran conseguir buen lugar para presenciar la carrera de los
Caballos del Vino quedarán en el último tramo de la cuesta, bajo la sombra
agradecida de los pinos que con su fronda acogen al festero.
Tras la carrera, el punto de interés se centra en la lonja, intramuros de la
muralla. Allí tiene lugar la entrega de premios tras la solemne ceremonia ritual
de la presentación de los caballos en la tribuna presidencial.
Premios hay muchos, pero interés solo despierta el primero. Los demás es
consolación para el bravo caballista que no obtiene el preciado y más importante
galardón de la vida local. Alegría y frustación serán los ingredientes de ese
agridulce postre de la fiesta que bien pasado el mediodía comienza a preparar el
Dos de Mayo venidero.
Visite
Caravaca de la Cruz en las fiesta de Mayo y conozca este singular espectáculo
que son los "caballos del vino" de Caravaca de la Cruz.
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